No me sorprendería
que el día vomite el sol.
O que un pianista se quite
las uñas de las manos
antes de tocar la última pieza.
O que un ciego ponga
a remojar sus ojos
en su copa de vino
imaginando los colores
del alba
sin haber visto alguno.
Esto puede suceder
(y no nos daremos cuenta):
la luna se caerá en pedazos,
las estrellas se pulverizarán
y un loco escribirá
con los pulmones empalagados
la teoría del fin del mundo
en la planta de sus pies.
Y en el centro de la tierra
el gran ojo de Dios
llorará seco y sin consuelo
Los muertos al no soportar
el plañido inaudito
se auto-exhumarán
y allí afuera
empezará la gran batalla.
Dios privará al hombre
del acto procreativo
y el último niño que nacerá
será el poeta que diga la verdad de Dios y del hombre.
Los demás poetas comerán
las rosas azules
arrancadas
de los jardines del infierno.
Aquel que busque la felicidad
será enterrado de cabeza.
Aquel que busque la tristeza
se le delucidará
el fin de su existencia.
Y cuando Dios cierre su gran ojo
el tiempo se detendrá
y no nos habremos dado cuenta.
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domingo, 21 de marzo de 2010
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